Verónica Cervera publica un libro de 100 recetas cubanas
ANTONIO JOSÉ PONTE | Miami | 3 Ene 2016 - 3:25 pm
Verónica Cervera.
Rico rico y bueno bueno: esto empieza con un olor a chicharrones.
Verónica Cervera ha publicado La cocina cubana de Vero, un libro con 100
recetas de la cocina cubana y la primera receta que aparece es la de los
chicharrones de puerco.
No es un simple recetario porque antes de que empiece a escucharse el
chisporroteo en la cazuela, uno tropieza con la lata de sancocho.
Véronica ha hecho un libro de recetas y de memorias (suyas y ajenas,
como se verá), y por eso cabe al inicio de sus páginas esa lata de
sobras. Junto a la receta de unos buenos chicharrones crujientes, el
recuento de cómo hacerse en Cuba de un animal al cual quitarle el pellejo.
No es cuestión solamente de cocinar, sino de hablar de lo que se cocina
y por eso, después de tropezar con la lata de sancocho y dulcemente
mareado por el olor de esos chicharrones tan rotundos de la primera foto
de su libro, me he puesto a hacerle a ella estas preguntas.
Háblame un poco de tus días en Remedios, de la casa familiar, de la cocina.
Mis padres y yo vivimos en casa de mis abuelos maternos hasta mis 11 o
12 años, por el problema de la vivienda. Esa era la casa de todos de
algún modo. Mis tíos y primos vivían cerca, todos pasaban y llevaban lo
que se les antojaba de la casa de los abuelos. Si mi abuela hacía un
dulce, contaba con que todos llevarían un poco.
La comida de la casa era típica cubana: arroz, frijoles, carne, viandas
fritas y ensaladas. Luego postre. No faltaba nunca el dulce, porque si
no había dulce mi abuelo se empinaba una lata de leche condensada. Eran
dulces casi siempre caseros, sobre todo dulces en almíbar servidos con
queso blanco. No había horno para hacer pastelitos o panetelas. Aunque
en algún momento aprendí a hacer panetelas en la olla de presión,
forrada con papel cartucho y con no sé cuántas parrillas entre la olla y
la hornilla.
En este libro tuyo abundan las recetas marinas de Caibarién.
Es que durante mi niñez casi todas las vacaciones las pasamos en
Caibarién. Además, mi padre trabajó allí cuando yo era chica y, luego,
los últimos años antes de irnos de Cuba. Por otra parte, siempre venía
gente de Caibarién vendiendo pescado y langosta de contrabando.
Hay también una tía a la que visitabas en Camagüey, un homenaje
culinario a Baracoa y una receta venida de Holguín, de boniatillo hecho
con ron añejo.
El homenaje a Baracoa es más a la comida de los carnavales, y el
boniatillo borracho es de las cosas aprendidas en el exilio, pero sí, he
querido recrear un poco en mi libro las recetas regionales de la Isla.
Sin pretensiones, pero paseando.
¿Para qué lectores lo escribiste?
Bueno, quise reunir recetas básicas cubanas y, a la vez, contar mi
experiencia personal, mi viaje descubriendo ingredientes y recetas que
de algún modo me fueron negadas, pero con las que nos podemos
identificar los cubanos de cualquier generación y de las que pueden
disfrutar los amantes de la cocina cubana de cualquier parte del mundo.
Algunas son clásicas y otras tienen un toque muy personal, con
ingredientes de cualquier parte del mundo, como la minuta empanizada con
panko, en lugar de galletas o pan molido.
¿Panko?
Es un ingrediente japonés que adoro, y que no es más que un pan molido
de una textura diferente, que le da más aire al empanizado y absorbe
menos grasa. Lo adopté en cuanto lo descubrí.
Tú llevas un blog culinario, La cocina de Vero.
El blog lo creé para los amigos que me pedían las recetas de lo que
preparaba para las fiestas en sus casas o en la mía, pero también para
salirme de los blogs relacionados con la política cubana, en los que
estuve involucrada antes. Quería seguir blogueando pero sobre un tema
que me hiciera feliz.
Tu blog se llamó primero Cocina al minuto y con comida, un nombre que
alude, por supuesto a Nitza Villapol. Pero ese "y con comida" es como si
se tratara de una Nitza Villapol en mejores circunstancias, ¿no?
Lo de "con comida" era una ironía que por supuesto hacía referencia a
Nitza y su programa hecho en las peores circunstancias. Cuando me
enfrenté a la edición de 1956 de su libro Cocina al minuto no paraba de
acordarme de Lina.
¿Qué Lina?
Lina Ruz.
Ya.
Me costó años descubrir ingredientes de la cocina internacional que
Nitza mencionaba allí.
Veintidos años en Cuba es demasiado tiempo perdido para la comida de
este planeta. En mi tiempo en la Isla, aparte de la escasez, no se iba
mucho más allá de la cocina cubana, española o cuando mucho, italiana,
en tres o cuatro platos. No puedo evitar pensar en el tiempo perdido
cada vez que pongo ingredientes en una tortilla mexicana para armar un taco.
¿En qué año saliste de Cuba?
En septiembre del 94, con miedo de caer en Guantánamo, pero con pocas
ganas de pasar una semana más en aquel país. Había pedido licencia en la
universidad, donde estudiaba geografía, y llevaba meses buscando cómo
salir en un barco, que al final era el modo más fácil de irse.
¿A Miami?
En ese momento no quería vivir en Miami y apenas conocía la historia de
Cuba después de 1959. Prefería Europa o Nueva York, pero familiares que
no conocía me ayudaron al llegar y me dieron la bienvenida en Miami.
Luego encontré aquí un trabajo que hasta ahora mantengo y que es gran
parte de mi vida.
Tu adiós a Cuba fue un aguacate. Por lo que cuentas en la anécdota que
introduce una de las recetas, fue lo último que comiste allá.
Fue de casualidad. El día de la partida nos demoramos más de lo
esperado. En ese tiempo los barcos eran abordados por todo el que se
enterara que salían. Ya había pasado el Maleconazo y la salida era
"abierta". Entre una cosa y otra, a la hora del almuerzo alguien
apareció con un aguacate en el parque de Caibarién, donde nos habíamos
reunido un grupo de vecinos y familiares que nos íbamos en un barco, y
nos comimos aquel aguacate tal cual.
La comida siguiente fue un arroz con jaiba en un cayo entre Cuba y la
Florida.
¿Y en Miami?
El primer choque fue pasar por el mercado y ver no sé cuántas marcas
diferentes de frijoles negros. Eso fue camino a casa de mi tío, el día
que llegué, que paramos en una cadena de supermercados que ya no existe.
El Polinesio, La Canchánchara, El Polo Norte y El Versailles son
restaurantes de Cuba y de Miami con alguna que otra receta que tú has
intentado recuperar.
He intentado recuperar algunas recetas cubanas que probé en
restaurantes, sí. Ahora me vienen a la mente, de Cuba, la pizza de
langosta de Prado 264, y de Miami, el boniato con tasajo, que ya no
sirven en El Versailles.
Los tostones rellenos, ¿son una invención cubana de Miami?
Yo los probé aquí por primera vez, aunque toda la vida le he puesto
arriba a los tostones picadillo, pedazos de bistec. Son mi perdición.
Rara vez sobraban en casa de mi madre, pues nos gustaba ir comiéndolos
antes de la comida. Cuando quedaban algunos, ella los guardaba y al día
siguiente se los echaba al fricasé a última hora. En la salsita se ponen
tan ricos.
Hum. ¿Puedes recomendar algunos restaurantes de Miami, aunque no sean de
comida cubana?
Yo no soy de comer fuera, pero recomendaré tres restaurantes ricos y con
buenos precios en Miami, comida cubana aparte.
Tenango's Taquería, un restaurante de comida típica mexicana cuya dueña,
Liana, es una cubana que vivió en México como 20 años. Su cochinita
pibil es deliciosa y el pan de maíz, de vicio. De comida japonesa me
encanta Izakaya, en Coral Gables, y de comida italiana, La Fontana, en
Doral, que sirve comida italiana da'vero, ambos muy auténticos.
Además del recetario de Nitza Villapol, ¿qué otros libros de recetas
cubanos te han interesado?
El Nuevo Manual del Cocinero Cubano y Español, que se puede consultar en
la colección cubana digitalizada de la Universidad de Miami. El de
Raquel Roque, Cocina cubana: 350 recetas criollas. Unas copias de
recetas que mandaba Nitza por correo en los años 50 (antesala de los
blogs) y recortes de revistas de la misma época, que me facilitó María
Antonia Cabrera Arus, la autora del blog Cuba Material.
Entre estas últimas muchas de un menú semanal que sacaba Frigidaire con
CMQ -TV, que son una maravilla. De ahí saqué un helado de malta cuya
receta doy en mi blog que no tiene nada que envidiarle a Coppelia.
También tengo algunos libros nuevos (que parecen más viejos que
cualquiera de esos papeles de los años 50) que me he comprado en el
stand de Cuba en la Feria del Libro de Guadalajara, y que tienen
interesantes recetas regionales cubanas.
Y he seguido el trabajo de Maricel Presilla, autora de Gran Cocina
Latina: The Food of Latin American y dueña del restaurante Zafra, en
Nueva Jersey, al que me muero por ir.
Por las recomendaciones que aparecen en algunas de tus recetas, yo diría
que te gusta la cerveza.
No, no soy tanto de cerveza. Soy más de bebidas fuertes antes de comer,
pero sin duda el calor del trópico llama a la cerveza. Te comes un
chicharrón o una masa de cerdo frita con una cerveza mientras cocinas o
compartes con los amigos y te sabe a gloria.
Ah, me acabo de acordar de una vez que fui a Zulueta a unos carnavales y
me invitaron a una casa donde habían bandejas y bandejas de bistés de
caballo, para picar. Nunca había visto tanta carne junta. Y la cerveza
corría. Era el tiempo de las pipas y los cubos de cerveza. Daban ganas
de pedir asilo político en ese hogar.
Según tu libro, uno de los peligros de ponerse a hacer frituritas de
malanga es el de quedarte frente a la cocina eternamente mientras los
demás repiten. ¿Tú eres de las que sientas a tus invitados en la cocina?
Las fiestas en casa suelen celebrarse en la cocina. Me encanta tener
invitados y me gusta cocinar mientras comparto con ellos, ir sacando los
platos listos, darles de probar lo que estoy haciendo...
¿Cómo es esa cocina y cuántos féferes de cocina tienes?
Ahora mismo está hecha un desastre. Con el blog y el libro he adquirido
el vicio de comprar enseres para las fotos. Ya no sé dónde meterlos. Y
eso que he pasado muchas cosas que no uso a diario al garaje.
Hay un libro de Marguerite Duras, no es una de sus novelas, La vida
material se llama, donde ella incluye un listado de los productos que no
pueden faltarle en su cocina. Es un listado puntilloso y detallado, el
de alguien que ha vivido lejos de Francia, en las colonias, y que ha
pasado por las escaseces de la guerra. No voy a pedirte ahora un listado
tan exhaustivo como el de Duras, pero dime qué no puede faltarte en la
cocina.
La lista es interminable y, como me gusta comer diferente cada día, lo
que hay en mi alacena o en mi refrigerador se me va a veces de las
manos. A ver, voy a intentarlo: aceite de oliva virgen extra, cebolla
morada, ajo, frijoles negros, pimientos, cilantro, perejil, togarashi,
pasta miso, té verde, queso fresco, arroz basmati, varios tipos de
curry, comino, cúrcuma, chocolate bien oscuro, pimienta en grano, aceite
de trufas, tortillas mexicanas, sriracha, chipotle, tomates, aceite de
sésamo, salsa soya, vinagres varios, limón, pimentón de la Vera,
whiskey, leche evaporada, pastas, atún de calidad, mayonesa japonesa,
rayu (aceite picante con ajo), leche de coco, anchoas en conserva,
vainilla, harina, hongos secos, garbanzos, yogurt griego, pasta de ají
amarillo peruano...
Tú le pones queso suizo y pimientos al pan con lechón. Es, como se decía
de las adaptaciones televisivas de novelas, una versión libre del pan
con lechón tradicional.
Versión libre total. Se me ocurrió hacerlo así una vez para aprovechar
unas sobras de lechón asado después de una Navidad o un fin de año, y
nos gustó tanto que se ha hecho un clásico en casa y decidí ponerlo en
el libro. Hasta entonces, mi pan con lechón ideal era con unas rueditas
finitas de tomate verde, que era como lo preparaba un amigo de mi padre
que vendía pan con lechón en los carnavales y a quien va dedicada la receta.
Verónica, entre cubanos acostumbramos a comer todos los platos juntos,
no aderezamos mucho las ensaladas, si no comemos arroz no hemos comido,
necesitamos de agua fría con el café y somos muy sensibles al picante…
Tú mencionas todas estas obsesiones.
Y falta el plátano de fruta con la comida. Más de un colega de otro país
ha mirado raro mi plato cuando, después de pelar el platanito, lo sumo a
un arroz con picadillo o algo por el estilo.
Tú has experimentado hasta aproximarte a la Vita Nuova, la salsa para
pastas que se fabricaba o se fabrica en Cuba. Una salsa, por cierto, con
nombre de una obra de Dante. ¿Cuál fue tu toque definitivo para
conseguir una salsa igual?
Mira, yo he experimentado mucho, pero no he llegado al sabor exacto de
la "salsa de Dante". Se me ocurrió mezclar la sazón cubana con vodka,
porque el vodka sauce que venden en Estados Unidos me recuerda la Vita
Nuova, y me encantó el resultado. Luego me han traído de Cuba de vez en
cuando alguna lata, que todavía se fabrica, y la verdad es que sigo
preguntándome cuál será el secreto.
Estás casada con la persona a quien más le gusta el berro en el mundo,
así dices en un momento de tu libro. Es Emilio García Montiel, poeta,
querido amigo mío, devenido fotógrafo para este libro tuyo. Como él ha
residido en Japón y es un conocedor de primera mano y oído y lengua de
la cultura japonesa, ¿cómo ha influido esto en tu cocina?
De la mano de Emilio me fui a Japón por primera vez. Cuando vamos allá
casi siempre nos quedamos en casa de su mamá japonesa, y con ella he
aprendido técnicas y sabores de la comida casera de ese país que no son
precisamente los que te encuentras en un restaurante típico de cocina
japonesa en Occidente.
Allá en Japón hay una obsesión por probar lo nuevo que sale al mercado
en la que me siento muy cómoda. Si sacan un refresco nuevo, todos corren
a comprarlo. En nuestro último viaje probé uno de melón con leche que
según Emilio sabía rarísimo y a mí me dejó encantada.
En 2009 estaba de moda el rayu, un aceite con picante y ajo, divino para
aderezar las comidas. No pica tanto. Lo adoré desde el primer momento y
desde entonces no falta en casa.
Está en tu lista Duras, sí.
En estos días pienso probarlo con puré de malanga… A veces me da por
hacer esas mezclas. En el blog publiqué una receta de pollo a la guayaba
que liga sabores japoneses con confitura de guayaba y mostaza de Dijon.
Japón me ha hecho perder el miedo por la comida desconocida hasta el
punto de comerme un grillo crujiente cocinado en la mezcla típica de
salsa soya, azúcar y mirin. También me ha hecho suavizar los sabores de
las comidas. Todo allá es, por así decirlo, muy delicado y, aunque me
gusta la sazón fuerte de una comida como la cubana, a veces me descubro
suavizando comidas latinas al estilo japonés, porque los japoneses lo
reinventan todo para dejarlo a su gusto.
¿Cuán rica, y no me refiero a lo sabrosa que pueda ser, es la cocina cubana?
La comida cubana se enriqueció con los inmigrantes que nuestro país
recibió durante siglos, sus costumbres culinarias e ingredientes
mezclados. Aunque predomina la influencia española, está muy presente la
africana, y también la china y la francesa. Y bueno, luego los que
emigramos. El exilio también ha puesto su parte creando nuevos platos
llenos de sabor cubano.
Hay capítulos peores en su historia, pero que también forman parte de
nuestra coquinaria, como los platos con carne rusa de unas décadas
atrás; y las recetas del "Periodo Especial": pizza de yuca, bistec de
toronja, etc…
Para los más negativos, aclaro que la comida cubana es más rica que los
estereotipos. Hay un pasado riquísimo en el que hurgar para demostrarlo.
En el futuro (sin "aquello", por supuesto) deberíamos darle todo el uso
posible a muchísimos ingredientes que tenemos a mano y que ni la escasez
han hecho que consumamos.
No voy a entrar en detalles, pero en otros países, cercanos y lejanos,
he comido platos divinos con ingredientes que existían en la Cuba que
viví y que jamás vi a nadie cocinar nada con ellos. Creo que podríamos
darle un mejor uso a los pescados y mariscos, hacer tortillas con el
maíz, o crear una coctelería mucho más sofisticada con nuestras frutas,
las que queden y las que regresen.
Para las 100 recetas de tu libro invitaste a algunos amigos y conocidos
a incluir su receta favorita. Están Paquito D'Rivera con unos frijoles
negros, Abilio Estévez con un rabo encendido, Boris Larramendi con un
batido de mamey, Tony Oliva con unos boniatos fritos, Carlos Alberto
Montaner con el picadillo de su esposa Linda, Rosario Suárez con una
crema de malanga y calabaza que le preparaba su madre… Uno de esos
cocineros invitados, Gilda Santana, dice que si la gloria tiene sabor
seguramente sabrá a ropa vieja. ¿A qué te sabría a ti?
Uy, esta pregunta es peor que la de qué no puede faltar en la cocina…
Bueno, la gloria de la que hablamos podría tener sabores variados.
A mí la gloria a veces me sabe a arroz con frijoles negros, y otras a
ceviche. Por ejemplo, hay una cosa que me fascina: el espagueti con
tarako. El tarako son las huevas de bacalao saladas. Con ellas los
japoneses hacen una salsa que empacan en sobres y que usan para mezclar
con espaguetis. Son baratas y están a la venta en cualquier
supermercado. Siempre que las saboreo me maravillo de que un sabor tan
sublime esté envasado en unos simples sobres.
Por último, imagínate que yo fuera un noruego o un bosquimano, ¿cómo
podrías explicarme tú lo ocurrido en Cuba dentro de una cajita de
cumpleaños?
Para alguien que no conozca la cajita, lo primero sería explicarle que
en Cuba se sirve la comida de los cumpleaños en una cajita de cartón
pequeña parecida a las de las dulcerías, en la que cabrían unos dos o
tres dulces. En ellas colocamos un poquito de todo lo que se serviría en
la mesa de un cumpleaños cubano: un pedazo de cake, un pastelito de
hojaldre que puede ser dulce o salado, un bocadito de pasta, un poco de
ensalada fría o ensalada de coditos, y en algunos sitios se le pone
también una yemita.
No sé en qué momento se comenzaron a usar las cajitas, pero me temo que
fue después de la revolución y todas sus escaseces, pues su propósito
principal es racionar a la vez que asegurar que todos en la fiesta
prueben lo que en ella se ofrece.
Que, dentro de las posibilidades, todo el mundo coja cajita.
Así mismo. La cajita no tiene divisiones y, cuando la abres, descubres
que se han mezclado colores y sabores. La croqueta puede tener una punta
rosada y dulce después de pegarse al merengue; el pastelito, mayonesa de
la ensalada fría o pasta del bocadito; el bocadito a su vez puede tener
una puntica untada también de merengue o crema pastelera. Todo dulce y
salado a la vez, en todas las combinaciones imaginables, que se
resumirían en lo que llamamos el sabor a cajita, inolvidable para varias
generaciones de cubanos.
Source: Verónica Cervera publica un libro de 100 recetas cubanas |
Diario de Cuba - http://www.diariodecuba.com/cultura/1450991115_19055.html
Cuba, with a population of a little over 11 million people, imports about 80% of its total food requirements. The measures that are being taken to increase food production, chief among which is the allocation of fallow land to private individuals and groups, are not working. Here you will find data from press sources on this Cuba and food in English and Spanish.
Monday, January 4, 2016
Los no sabores y la estafa
Los no sabores y la estafa
diciembre 30, 2015
Irina Pino
HAVANA TIMES — Mientras ando en la calle por gestiones, trabajo, o
simplemente para salir con mis amigos, resulta inevitable consumir
chucherías, alimentos para entretener a la boca, como se dice
vulgarmente; pueden ser cucuruchos de maní, rositas, cremitas de leche,
galleticas, tabletas de chocolate…, disímiles mercancías que ofertan los
vendedores callejeros en unos carritos de metal, que suelen apostarse en
los lugares más concurridos de la ciudad, como Coppelia o la Plaza San
Francisco de Asís, en la Habana Vieja.
Lo que venden son los mismos productos, tanto en contenido, como en
envoltura; sin embargo, lo que más sorprende es que los sabores de toda
esta mercadería es pura basura, sin calidad, lo que más se acerca a su
sabor son los chiviricos, pues las cremitas no saben a leche, los maníes
saben a frijoles colorados, y las tabletas de chocolate carecen de
sabor, y su consistencia es pegajosa.
Las galleticas son las mismas que venden en la tienda, de las más
baratas, preparadas en paquetes minúsculos, que apenas llegan a 10
galletas y cuestan cinco pesos. A pesar de no ser caras estas boberías,
consume unas cuantas cada vez que salgas, y así perderás dinero, gastado
inútilmente, sin provecho alguno.
Y para qué hablar de los sabores de Coppelia, lugar emblemático para los
cubanos, alejado totalmente de lo que fue en varias décadas, con solo
dos sabores en la tabilla del menú, cuál de ellos más artificial,
inconsistente, que se derrite con rapidez al servirlo. Da grima ir a ese
sitio, con un mal servicio y un robo a mano armada, donde observas
descaradamente como salen individuos con grandes bolsas repletas de
tinas de helado, y pasan por tu lado como si nada.
No obstante, existe la opción de comprar helado Nestlé, sin hacer cola,
aunque ya no se puede confiar en su sabor, pues se están dando casos de
falsificaciones. He conocido testimonios de personas que dicen haber
sido estafadas, pues han consumido un helado Nestlé falso, un pote
relleno de algo que ni siquiera se le asemejaba.
Y es cierto, hace unos días fui al centro comercial La Puntilla, a una
cuadra de mi casa, y le compré a mi hijo un helado Nestlé de chocolate.
El chico enseguida se percató de que no era su sabor original, sabía a
agua, estaba congelado.
Entonces, lo llevé de inmediato a la cafetería de la tienda para
devolverlo. Me lo cambiaron enseguida. Este es otro caso de los trucos
que se están sucediendo en las tiendas y en los pequeños comercios,
desde los cigarros falsos, el ron, y los frascos de refrescos.
De igual modo, de introducen comestibles en los Ditú, esos timbiriches
de comida rápida, donde traen a diario croquetas caseras, después que se
terminan las otras.
Se habla de fábricas clandestinas de todo tipo, falsificaciones que
están denigrando a los auténticos productos y robando a los consumidores
sin piedad. También en los Agromercados, se altera el sabor de las
frutas para madurarlas, y no tienen calidad, lo que constituye una
amenaza para la salud humana.
No hay control para estos desmanes, ¿por qué no se dan a la tarea de
perseguir a todos estos delincuentes y acabar con la estafa? Da risa
poner una serie policíaca televisiva como Tras la Huella, donde todo se
resuelve y se hace justicia al final.
La realidad es que, los sabores verdaderos solo viven en nuestros recuerdos.
Source: Los no sabores y la estafa - Havana Times en español -
http://www.havanatimes.org/sp/?p=111672
diciembre 30, 2015
Irina Pino
HAVANA TIMES — Mientras ando en la calle por gestiones, trabajo, o
simplemente para salir con mis amigos, resulta inevitable consumir
chucherías, alimentos para entretener a la boca, como se dice
vulgarmente; pueden ser cucuruchos de maní, rositas, cremitas de leche,
galleticas, tabletas de chocolate…, disímiles mercancías que ofertan los
vendedores callejeros en unos carritos de metal, que suelen apostarse en
los lugares más concurridos de la ciudad, como Coppelia o la Plaza San
Francisco de Asís, en la Habana Vieja.
Lo que venden son los mismos productos, tanto en contenido, como en
envoltura; sin embargo, lo que más sorprende es que los sabores de toda
esta mercadería es pura basura, sin calidad, lo que más se acerca a su
sabor son los chiviricos, pues las cremitas no saben a leche, los maníes
saben a frijoles colorados, y las tabletas de chocolate carecen de
sabor, y su consistencia es pegajosa.
Las galleticas son las mismas que venden en la tienda, de las más
baratas, preparadas en paquetes minúsculos, que apenas llegan a 10
galletas y cuestan cinco pesos. A pesar de no ser caras estas boberías,
consume unas cuantas cada vez que salgas, y así perderás dinero, gastado
inútilmente, sin provecho alguno.
Y para qué hablar de los sabores de Coppelia, lugar emblemático para los
cubanos, alejado totalmente de lo que fue en varias décadas, con solo
dos sabores en la tabilla del menú, cuál de ellos más artificial,
inconsistente, que se derrite con rapidez al servirlo. Da grima ir a ese
sitio, con un mal servicio y un robo a mano armada, donde observas
descaradamente como salen individuos con grandes bolsas repletas de
tinas de helado, y pasan por tu lado como si nada.
No obstante, existe la opción de comprar helado Nestlé, sin hacer cola,
aunque ya no se puede confiar en su sabor, pues se están dando casos de
falsificaciones. He conocido testimonios de personas que dicen haber
sido estafadas, pues han consumido un helado Nestlé falso, un pote
relleno de algo que ni siquiera se le asemejaba.
Y es cierto, hace unos días fui al centro comercial La Puntilla, a una
cuadra de mi casa, y le compré a mi hijo un helado Nestlé de chocolate.
El chico enseguida se percató de que no era su sabor original, sabía a
agua, estaba congelado.
Entonces, lo llevé de inmediato a la cafetería de la tienda para
devolverlo. Me lo cambiaron enseguida. Este es otro caso de los trucos
que se están sucediendo en las tiendas y en los pequeños comercios,
desde los cigarros falsos, el ron, y los frascos de refrescos.
De igual modo, de introducen comestibles en los Ditú, esos timbiriches
de comida rápida, donde traen a diario croquetas caseras, después que se
terminan las otras.
Se habla de fábricas clandestinas de todo tipo, falsificaciones que
están denigrando a los auténticos productos y robando a los consumidores
sin piedad. También en los Agromercados, se altera el sabor de las
frutas para madurarlas, y no tienen calidad, lo que constituye una
amenaza para la salud humana.
No hay control para estos desmanes, ¿por qué no se dan a la tarea de
perseguir a todos estos delincuentes y acabar con la estafa? Da risa
poner una serie policíaca televisiva como Tras la Huella, donde todo se
resuelve y se hace justicia al final.
La realidad es que, los sabores verdaderos solo viven en nuestros recuerdos.
Source: Los no sabores y la estafa - Havana Times en español -
http://www.havanatimes.org/sp/?p=111672
Sunday, January 3, 2016
Algunas propuestas para comer en La Habana
Algunas propuestas para comer en La Habana
ÍÑIGO FERNÁNDEZ @i_fernandez2011 MAPAS, LIBROS Y PLATOS
2 enero 2016
Originalmente, paladares eran lo que regentaban aquellas familias que
abrían sus hogares a extranjeros para cenar. Uno de los primeros de este
estilo es precisamente el Gringo Viejo. Hoy en día es más fácil
encontrar un paladar como tal en cualquier otro lugar de Cuba que en La
Habana, porque los de la capital han terminado por convertirse en
restaurantes convencionales, aunque conserven el nombre.
La Guarida es el restaurante más famoso de La Habana. También uno de los
más caros. Desde que se popularizó gracias a la película 'Fresa y
chocolate', todos los famosos que visitan la ciudad han cenado alguna
vez en él. Sus fotos aparecen dispuestas por las paredes de la
recepción, antiguo salón de acceso del viejo palacete urbano de
principios de siglo XX en el que se asienta. Luego, los comedores se
reparten por las antiguas habitaciones, cada uno con un estilo diferente
y todas con el mismo encanto. Es preciso reservar, porque de lo
contrario no se cena. También conviene armarse de valor para subir las
escaleras, porque reina la sensación de que todo puede venirse abajo en
cualquier momento. Pero no hay peligro. En La Habana esa sensación surge
a cada paso, al menos durante los primeros días de estancia en la ciudad.
La Guarida está ubicada en un lugar donde no abundan ni los restaurantes
ni, en general, los establecimientos para turistas. La calle Concordia,
en Habana Centro, está muy bien situada -a medio camino entre La Habana
Vieja y Vedado-, pero no es el lugar más recomendable para pasear
durante la noche. Es mejor llegar y marchar en taxi. En la capital
cubana lo más recomendable es alternar de día por La Habana Vieja y de
noche por Vedado, con obligadas excepciones como esta.
Originalmente, paladares eran lo que regentaban aquellas familias que
abrían sus hogares a extranjeros para cenar. Hoy en día es más fácil
encontrar un paladar como tal en cualquier otro lugar de Cuba que en La
Habana, porque los de la capital han terminado por convertirse en
restaurantes convencionales, aunque conserven el nombre.
No lejos de allí, en Zanja -a sólo unas cuadras en dirección al interior
de la ciudad-, otro restaurante ofrece gastronomía cubana a muy buen
precio: La Flor de Loto. Cuirosamente es un restaurante de chinos en el
barrio chino, pero uno de los lugares a tener en cuenta en La Habana si
se desea comer lo propio de la gastronomía local: ropa vieja, arroz,
frijoles, yuca, ensalada de aguacate... Sus raciones son generosas. Y
baratas. De hecho, siempre hay cubanos en el comedor, algo muy extraño
en los restaurantes de la isla. Y no por que no les guste comer.
La Flor de Loto fue fundada antes la revolución por una familia llegada
de China, pero siguió en sus manos pese al triunfo de aquella debido a
las simpatías que sus dueños profesaron desde siempre por los líderes de
la guerrilla de la Sierra Maestra. Cuando el Comandante entró en La
Habana en enero de 1959, la propiedad del negocio no les fue arrebatada.
Siempre trabajaron allí y, de hecho, acaban de abrir otro restaurante
junto al original, llamado La Mimosa, aunque especializado en
gastronomía italiana. Se come bien, pero ¿Estar en la Habana y cenar
pasta y pizza...?
Frente al Capitolio, en el límite mismo entre Habana Centro y La Habana
Vieja, otro restaurante goza de merecido prestigio: Los Nardos. No es
bonito y, mucho menos, cómodo, pero sus camarones lo justifican todo.
Los ponen un poco picantes: muy ricos. La incomodidad de Los Nardos
tiene que ver con sus pesados muebles de madera maciza, con sus
estrecheces, con la fuerza con la que activan el aire acondicionado...
Imprescindible llevar jersey para cenar en Los Nardos. O un pañuelo.
Hacia Vedado, la zona más recomendable para alternar durante la noche,
hay otros restaurantes que también merecen la pena: El Hurón Azul, por
ejemplo, en el punto exacto en el que comienza la Calzada de la Infanta
desde el Malecón, y por ello muy cerca del Hotel Habana Libre, del Hotel
Nacional y de la sala 'El Gato Tuerto' en la que uno puede acabar la
noche escuchando boleros en vivo hasta las tres de la mañana; el
Habáname, en la confluencia de Rampa con la Avenida de los Presidentes,
lo que permite tomar un café o una copa, antes o después, en la terraza
de la Casa Balear; o el Gringo Viejo, también muy cerca de la Avenida de
los Presidentes y uno de los paladares más antiguos de la ciudad,
ubicado entre el sótano de una casa y el patio. Aquí es donde hay que
comer ropa vieja. Siempre figura en la carta, aunque no siempre lo hay.
Muy cubano.
Una carne que está muy presente en todos los restaurantes del país es la
del pollo. Pollo, arroz y frijoles es lo que más comen los cubanos. Lo
que más o, en muchos casos, lo único. Lo reparten en las colas del
racionamiento, a razón de tres kilos al mes por persona. El pollo es
también la especialidad de El Aljibe, un restaurante situado en un
jardín próximo a la Quinta Avenida de Miramar. Es una zona de lujo para
vivir, pero con menos interés para el turista que La Habana Vieja,
Habana Centro o Vedado. Las mejores viviendas de la ciudad se encuentran
allí, y también las mejor conservadas, aunque en ningún caso rivalizan
en encanto con los viejos caserones de La Habana Vieja; los miradores
galerías y balcones del Malecón; o los palacetes de mediados del siglo
XX que pueblan todavía las calles de Vedado.
En La Habana también se puede comer langosta en numerosos restaurantes
de la zona antigua, particularmente en los situados en el triángulo
formado por la tres plazas históricas (Plaza Vieja, Plaza de San
Francisco y Plaza de Armas). Pero esa langosta no es como la de aquí, no
sabe igual, no es barata tampoco y además desechan las cabezas, que para
muchos es, como en el caso de la merluza, lo más sabroso de la pieza.
Si, pese a todo, alguno se empeña en comerla, mejor hacerlo en alguna
ciudad del sur de la isla, como Cienfuegos o Trinidad, que en La Habana.
En Trinidad y Cienfuegos hay familias que, además de habitaciones, a
menudo sirven langosta mediante encargo. Con un poco de suerte, ése
puede ser el lugar ideal para cenar una langosta.
¡Qué aproveche!
Source: Algunas propuestas para comer en La Habana . eldiariomontanes.es
-
http://www.eldiariomontanes.es/planes/201601/02/algunas-propuestas-para-comer-20151231175936.html
ÍÑIGO FERNÁNDEZ @i_fernandez2011 MAPAS, LIBROS Y PLATOS
2 enero 2016
Originalmente, paladares eran lo que regentaban aquellas familias que
abrían sus hogares a extranjeros para cenar. Uno de los primeros de este
estilo es precisamente el Gringo Viejo. Hoy en día es más fácil
encontrar un paladar como tal en cualquier otro lugar de Cuba que en La
Habana, porque los de la capital han terminado por convertirse en
restaurantes convencionales, aunque conserven el nombre.
La Guarida es el restaurante más famoso de La Habana. También uno de los
más caros. Desde que se popularizó gracias a la película 'Fresa y
chocolate', todos los famosos que visitan la ciudad han cenado alguna
vez en él. Sus fotos aparecen dispuestas por las paredes de la
recepción, antiguo salón de acceso del viejo palacete urbano de
principios de siglo XX en el que se asienta. Luego, los comedores se
reparten por las antiguas habitaciones, cada uno con un estilo diferente
y todas con el mismo encanto. Es preciso reservar, porque de lo
contrario no se cena. También conviene armarse de valor para subir las
escaleras, porque reina la sensación de que todo puede venirse abajo en
cualquier momento. Pero no hay peligro. En La Habana esa sensación surge
a cada paso, al menos durante los primeros días de estancia en la ciudad.
La Guarida está ubicada en un lugar donde no abundan ni los restaurantes
ni, en general, los establecimientos para turistas. La calle Concordia,
en Habana Centro, está muy bien situada -a medio camino entre La Habana
Vieja y Vedado-, pero no es el lugar más recomendable para pasear
durante la noche. Es mejor llegar y marchar en taxi. En la capital
cubana lo más recomendable es alternar de día por La Habana Vieja y de
noche por Vedado, con obligadas excepciones como esta.
Originalmente, paladares eran lo que regentaban aquellas familias que
abrían sus hogares a extranjeros para cenar. Hoy en día es más fácil
encontrar un paladar como tal en cualquier otro lugar de Cuba que en La
Habana, porque los de la capital han terminado por convertirse en
restaurantes convencionales, aunque conserven el nombre.
No lejos de allí, en Zanja -a sólo unas cuadras en dirección al interior
de la ciudad-, otro restaurante ofrece gastronomía cubana a muy buen
precio: La Flor de Loto. Cuirosamente es un restaurante de chinos en el
barrio chino, pero uno de los lugares a tener en cuenta en La Habana si
se desea comer lo propio de la gastronomía local: ropa vieja, arroz,
frijoles, yuca, ensalada de aguacate... Sus raciones son generosas. Y
baratas. De hecho, siempre hay cubanos en el comedor, algo muy extraño
en los restaurantes de la isla. Y no por que no les guste comer.
La Flor de Loto fue fundada antes la revolución por una familia llegada
de China, pero siguió en sus manos pese al triunfo de aquella debido a
las simpatías que sus dueños profesaron desde siempre por los líderes de
la guerrilla de la Sierra Maestra. Cuando el Comandante entró en La
Habana en enero de 1959, la propiedad del negocio no les fue arrebatada.
Siempre trabajaron allí y, de hecho, acaban de abrir otro restaurante
junto al original, llamado La Mimosa, aunque especializado en
gastronomía italiana. Se come bien, pero ¿Estar en la Habana y cenar
pasta y pizza...?
Frente al Capitolio, en el límite mismo entre Habana Centro y La Habana
Vieja, otro restaurante goza de merecido prestigio: Los Nardos. No es
bonito y, mucho menos, cómodo, pero sus camarones lo justifican todo.
Los ponen un poco picantes: muy ricos. La incomodidad de Los Nardos
tiene que ver con sus pesados muebles de madera maciza, con sus
estrecheces, con la fuerza con la que activan el aire acondicionado...
Imprescindible llevar jersey para cenar en Los Nardos. O un pañuelo.
Hacia Vedado, la zona más recomendable para alternar durante la noche,
hay otros restaurantes que también merecen la pena: El Hurón Azul, por
ejemplo, en el punto exacto en el que comienza la Calzada de la Infanta
desde el Malecón, y por ello muy cerca del Hotel Habana Libre, del Hotel
Nacional y de la sala 'El Gato Tuerto' en la que uno puede acabar la
noche escuchando boleros en vivo hasta las tres de la mañana; el
Habáname, en la confluencia de Rampa con la Avenida de los Presidentes,
lo que permite tomar un café o una copa, antes o después, en la terraza
de la Casa Balear; o el Gringo Viejo, también muy cerca de la Avenida de
los Presidentes y uno de los paladares más antiguos de la ciudad,
ubicado entre el sótano de una casa y el patio. Aquí es donde hay que
comer ropa vieja. Siempre figura en la carta, aunque no siempre lo hay.
Muy cubano.
Una carne que está muy presente en todos los restaurantes del país es la
del pollo. Pollo, arroz y frijoles es lo que más comen los cubanos. Lo
que más o, en muchos casos, lo único. Lo reparten en las colas del
racionamiento, a razón de tres kilos al mes por persona. El pollo es
también la especialidad de El Aljibe, un restaurante situado en un
jardín próximo a la Quinta Avenida de Miramar. Es una zona de lujo para
vivir, pero con menos interés para el turista que La Habana Vieja,
Habana Centro o Vedado. Las mejores viviendas de la ciudad se encuentran
allí, y también las mejor conservadas, aunque en ningún caso rivalizan
en encanto con los viejos caserones de La Habana Vieja; los miradores
galerías y balcones del Malecón; o los palacetes de mediados del siglo
XX que pueblan todavía las calles de Vedado.
En La Habana también se puede comer langosta en numerosos restaurantes
de la zona antigua, particularmente en los situados en el triángulo
formado por la tres plazas históricas (Plaza Vieja, Plaza de San
Francisco y Plaza de Armas). Pero esa langosta no es como la de aquí, no
sabe igual, no es barata tampoco y además desechan las cabezas, que para
muchos es, como en el caso de la merluza, lo más sabroso de la pieza.
Si, pese a todo, alguno se empeña en comerla, mejor hacerlo en alguna
ciudad del sur de la isla, como Cienfuegos o Trinidad, que en La Habana.
En Trinidad y Cienfuegos hay familias que, además de habitaciones, a
menudo sirven langosta mediante encargo. Con un poco de suerte, ése
puede ser el lugar ideal para cenar una langosta.
¡Qué aproveche!
Source: Algunas propuestas para comer en La Habana . eldiariomontanes.es
-
http://www.eldiariomontanes.es/planes/201601/02/algunas-propuestas-para-comer-20151231175936.html
Friday, January 1, 2016
Rebaja en la carne de puerco, la esperanza del fin de año cubano
Rebaja en la carne de puerco, la esperanza del fin de año cubano
JORGE ENRIQUE RODRÍGUEZ | La Habana | 31 Dic 2015 - 4:32 pm.
La rebaja de precios para la carne de puerco en puntos de venta
estatales provocó largas colas de ciudadanos. Las tarifas del sector
privado, que en los últimos dos meses se aproximaron a los 30 pesos la
libra (moneda nacional), llevaron a que parte de la población esperara
hasta última hora para adquirir el plato fuerte de la cena de fin de año.
El anuncio de que los precios estatales bajarían a 21 pesos la libra
—con un rumor de que podrían descender hasta 18— y que el producto se
comercializaría a partir de la mañana de este miércoles 30, estimuló la
aglomeración en varios puntos de venta improvisados por el Gobierno.
En el parque ubicado en calle 17 entre 6 y 8 los vecinos de los
alrededores comenzaron a "organizar la cola" desde la tarde del martes,
y a tempranas horas de la madrugada del miércoles sobrepasaba las 200
personas.
"Ya es obstinante que en este país, para llevarse un bocado de comida a
la boca, tenga uno que estar días correteando y haciendo colas", se
quejó Héctor Crespo, residente en Nuevo Vedado.
"Ni siquiera la cena de fin de año te la puedes comer con alegría porque
después de las broncas en la cola, se te quita el deseo de todo. Lo más
jodido es que después de pasarte el año entero comiendo puerco tengas
que fajarte por lo mismo, porque el Estado no ofrece variedad de
ofertas; ni pescado, ni marisco… nada, solo perro caliente y picadillo",
concluyó.
En los puestos estatales del EJT [Ejercito Juvenil del Trabajo] las
ofertas de productos agropecuarios escaseaban desde mediados del mes de
noviembre, tanto en productos cárnicos como en viadas y vegetales.
"Ni cebollas, ni ajos, ni boniatos, ni lechugas. Te podrás imaginar que
en los agromercados particulares se dispararon los precios, y una libra
de tomaticos murrios llegó a costar hasta 15 pesos la libra", dijo
Yanelis Herrera, una vecina del Cerro.
"Vine hasta este punto del Vedado porque es una zona mucho más
tranquila. En mi barrio la cosa es más caliente y una no está para una
desgracia en fin de año, y menos por un mísero pedazo de carne de
puerco", agregó.
Margarita Bermúdez, que llegó desde Santo Suárez sobre las 2:00 de la
madrugada, contó que "había cuatro colas" y a esa hora "la menos
numerosa ya rondaba las cien personas".
"Imagínate, la clásica estrategia del cubano en el otro deporte
nacional, que son las colas, marcando turnos para los vecinos y los
amigos. Todo este traqueteo demuestra que el Gobierno ni siquiera tiene
puerco para tanta gente. Aquí estamos haciendo chistes, pero en la vida
real esto es muy triste".
La mayor parte de los presentes en el parque, apertrechados con agua,
panes y hasta música, dudaban a la hora de emitir "criterios calientes"
por el temor de que "en la oscuridad estuvieran acechando los chivatones".
"La gente del Gobierno debe estar alerta de que esto, que es provocado
por ellos mismos, se les pueda ir de las manos", afirmó Ian Cabrera,
vecino de Centro Habana.
Otra de las preocupaciones de los presentes era sobre si la carne
estaría fresca o si llevaba "añejada meses en los frigoríficos del Estado".
"Tal parece que el único propósito de esta Revolución es mantenernos
así, bien apretaditos y sofocados, para no pensar que la política no
cabe en la azucarera… ni en un pernil de puerco", criticó Ian.
Source: Rebaja en la carne de puerco, la esperanza del fin de año cubano
| Diario de Cuba - http://www.diariodecuba.com/cuba/1451575966_19186.html
JORGE ENRIQUE RODRÍGUEZ | La Habana | 31 Dic 2015 - 4:32 pm.
La rebaja de precios para la carne de puerco en puntos de venta
estatales provocó largas colas de ciudadanos. Las tarifas del sector
privado, que en los últimos dos meses se aproximaron a los 30 pesos la
libra (moneda nacional), llevaron a que parte de la población esperara
hasta última hora para adquirir el plato fuerte de la cena de fin de año.
El anuncio de que los precios estatales bajarían a 21 pesos la libra
—con un rumor de que podrían descender hasta 18— y que el producto se
comercializaría a partir de la mañana de este miércoles 30, estimuló la
aglomeración en varios puntos de venta improvisados por el Gobierno.
En el parque ubicado en calle 17 entre 6 y 8 los vecinos de los
alrededores comenzaron a "organizar la cola" desde la tarde del martes,
y a tempranas horas de la madrugada del miércoles sobrepasaba las 200
personas.
"Ya es obstinante que en este país, para llevarse un bocado de comida a
la boca, tenga uno que estar días correteando y haciendo colas", se
quejó Héctor Crespo, residente en Nuevo Vedado.
"Ni siquiera la cena de fin de año te la puedes comer con alegría porque
después de las broncas en la cola, se te quita el deseo de todo. Lo más
jodido es que después de pasarte el año entero comiendo puerco tengas
que fajarte por lo mismo, porque el Estado no ofrece variedad de
ofertas; ni pescado, ni marisco… nada, solo perro caliente y picadillo",
concluyó.
En los puestos estatales del EJT [Ejercito Juvenil del Trabajo] las
ofertas de productos agropecuarios escaseaban desde mediados del mes de
noviembre, tanto en productos cárnicos como en viadas y vegetales.
"Ni cebollas, ni ajos, ni boniatos, ni lechugas. Te podrás imaginar que
en los agromercados particulares se dispararon los precios, y una libra
de tomaticos murrios llegó a costar hasta 15 pesos la libra", dijo
Yanelis Herrera, una vecina del Cerro.
"Vine hasta este punto del Vedado porque es una zona mucho más
tranquila. En mi barrio la cosa es más caliente y una no está para una
desgracia en fin de año, y menos por un mísero pedazo de carne de
puerco", agregó.
Margarita Bermúdez, que llegó desde Santo Suárez sobre las 2:00 de la
madrugada, contó que "había cuatro colas" y a esa hora "la menos
numerosa ya rondaba las cien personas".
"Imagínate, la clásica estrategia del cubano en el otro deporte
nacional, que son las colas, marcando turnos para los vecinos y los
amigos. Todo este traqueteo demuestra que el Gobierno ni siquiera tiene
puerco para tanta gente. Aquí estamos haciendo chistes, pero en la vida
real esto es muy triste".
La mayor parte de los presentes en el parque, apertrechados con agua,
panes y hasta música, dudaban a la hora de emitir "criterios calientes"
por el temor de que "en la oscuridad estuvieran acechando los chivatones".
"La gente del Gobierno debe estar alerta de que esto, que es provocado
por ellos mismos, se les pueda ir de las manos", afirmó Ian Cabrera,
vecino de Centro Habana.
Otra de las preocupaciones de los presentes era sobre si la carne
estaría fresca o si llevaba "añejada meses en los frigoríficos del Estado".
"Tal parece que el único propósito de esta Revolución es mantenernos
así, bien apretaditos y sofocados, para no pensar que la política no
cabe en la azucarera… ni en un pernil de puerco", criticó Ian.
Source: Rebaja en la carne de puerco, la esperanza del fin de año cubano
| Diario de Cuba - http://www.diariodecuba.com/cuba/1451575966_19186.html
Beans, ah, the beans!
Beans, ah, the beans! / 14ymedio, Yoani Sanchez
Posted on December 31, 2015
14ymedio, Generation Y, Yoani Sanchez, 31 December 2015 – Tiny and
tasty, they seem to look at us from the plate and mock the work it takes
to get them. Beans are not only a part of our traditional cuisine, they
constitute an effective indicator to calculate the cost of living in
Cuba. The price increases these delicious little bits have experienced
in the past year is proof of the disastrous economic policy promoted by
Raul Castro.
When, in February of 2008, the former Minister of the Armed Forces
assumed the presidency of the country, many were betting on the
pragmatic character of his mandate. His sympathizers never stopped
reminding us of the phrase in which he asserted, "Beans are more
important than canons." They predicted that our national agriculture
would work like certain farms managed by the Ministry of the Armed
Forces and the Youth Labor Army.
Hopes that overlooked José Martí's accurate maxim, "A nation is not
founded like a military camp is commanded." The behavior of a soldier in
the trenches can never be equated with a farmer's day, and an officer's
command to bend one's back over the earth has nothing in common with the
efforts of a peasant to hire someone to bring in his harvest.
The harangues against the invasive marabou weed, launched by Raul Castro
in his first years as president, fueled expectations, as did his call to
put a glass of milk on every Cuban's breakfast table. The Raulistas
discerned in those statements the soaring of food production and the
bringing down to earth of prices, to be consistent with wages. But
neither occurred.
Instead, in recent months consumers have suffered a significant increase
in the cost of agricultural products. If the year started with a pound
of black beans costing between 12 and 15 Cuban pesos, at the close of
December the price varied between 15 and 20 pesos – the wages of an
entire working day – reaching the staggering price of 30 pesos in the
case of garbanzo beans.
Meanwhile, the average monthly wages in the country only grew from 581
to 640 Cuban pesos (roughly $25 US), a symbolic increase which,
expressed in a worker's purchasing power, equals about three more pounds
of beans a month. The results Raul Castro has achieved with his
much-vaunted methods are not far removed from the little his brother
Fidel Castro achieved with his grandiose agricultural and livestock
projects.
The usufruct leasing of land to farmers ran up against the bureaucracy,
excessive controls and the poor state of the leased land. El Trigal, the
experimental wholesale market, is a sequence of empty stalls, petulant
bananas and high prices. In reality, it is easier to find an apple
brought from thousands of miles away than an orange or chiromoya planted
in our own fields. For the coming year, the country will spend 1.94
billion dollars on food imports, and nobody even talks about the battle
against the invasive marabou weed any more.
"I have to earn my beans," says a teacher, as he justifies dedicating
his workday to cooking pork, along with a portion of"Moors and
Christians"– as we call black beans and rice – that he sells illegally
to the workers at a hospital. Because yes, our lives revolve, rise and
fall around those delicious little bits that we long to put on our
plates. Expensive and tasty, they are the best indicator of the
General's failure.
Source: Beans, ah, the beans! / 14ymedio, Yoani Sanchez | Translating
Cuba - http://translatingcuba.com/beans-ah-the-beans-14ymedio-yoani-sanchez/
Posted on December 31, 2015
14ymedio, Generation Y, Yoani Sanchez, 31 December 2015 – Tiny and
tasty, they seem to look at us from the plate and mock the work it takes
to get them. Beans are not only a part of our traditional cuisine, they
constitute an effective indicator to calculate the cost of living in
Cuba. The price increases these delicious little bits have experienced
in the past year is proof of the disastrous economic policy promoted by
Raul Castro.
When, in February of 2008, the former Minister of the Armed Forces
assumed the presidency of the country, many were betting on the
pragmatic character of his mandate. His sympathizers never stopped
reminding us of the phrase in which he asserted, "Beans are more
important than canons." They predicted that our national agriculture
would work like certain farms managed by the Ministry of the Armed
Forces and the Youth Labor Army.
Hopes that overlooked José Martí's accurate maxim, "A nation is not
founded like a military camp is commanded." The behavior of a soldier in
the trenches can never be equated with a farmer's day, and an officer's
command to bend one's back over the earth has nothing in common with the
efforts of a peasant to hire someone to bring in his harvest.
The harangues against the invasive marabou weed, launched by Raul Castro
in his first years as president, fueled expectations, as did his call to
put a glass of milk on every Cuban's breakfast table. The Raulistas
discerned in those statements the soaring of food production and the
bringing down to earth of prices, to be consistent with wages. But
neither occurred.
Instead, in recent months consumers have suffered a significant increase
in the cost of agricultural products. If the year started with a pound
of black beans costing between 12 and 15 Cuban pesos, at the close of
December the price varied between 15 and 20 pesos – the wages of an
entire working day – reaching the staggering price of 30 pesos in the
case of garbanzo beans.
Meanwhile, the average monthly wages in the country only grew from 581
to 640 Cuban pesos (roughly $25 US), a symbolic increase which,
expressed in a worker's purchasing power, equals about three more pounds
of beans a month. The results Raul Castro has achieved with his
much-vaunted methods are not far removed from the little his brother
Fidel Castro achieved with his grandiose agricultural and livestock
projects.
The usufruct leasing of land to farmers ran up against the bureaucracy,
excessive controls and the poor state of the leased land. El Trigal, the
experimental wholesale market, is a sequence of empty stalls, petulant
bananas and high prices. In reality, it is easier to find an apple
brought from thousands of miles away than an orange or chiromoya planted
in our own fields. For the coming year, the country will spend 1.94
billion dollars on food imports, and nobody even talks about the battle
against the invasive marabou weed any more.
"I have to earn my beans," says a teacher, as he justifies dedicating
his workday to cooking pork, along with a portion of"Moors and
Christians"– as we call black beans and rice – that he sells illegally
to the workers at a hospital. Because yes, our lives revolve, rise and
fall around those delicious little bits that we long to put on our
plates. Expensive and tasty, they are the best indicator of the
General's failure.
Source: Beans, ah, the beans! / 14ymedio, Yoani Sanchez | Translating
Cuba - http://translatingcuba.com/beans-ah-the-beans-14ymedio-yoani-sanchez/
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